DESDE EL HUÉMAC
Daniel Rodríguez Pérez
La violencia en el deporte
Los espacios deportivos, recreativos y de esparcimiento generan vínculos familiares y afectivos para quienes tienen la disciplina de asistir a ellos con regularidad, habito que conlleva beneficios para la persona misma. En este contexto, surgen ligas que se dan a la tarea de organizar y desarrollar torneos de las diferentes disciplinas, ahí surge la competencia para obtener el campeonato respectivo.
En varios casos, se pierde la dimensión de lo que significa el espíritu deportivo, de tal suerte y lamentablemente las llamadas batallas campales se presentan de forma cotidiana, en algunos casos propiciada por los mismos deportistas y en algunas más por los aficionados.
Los dispositivos móviles dan testimonio de un sinnúmero de hechos de violencia desbordada; los ánimos se empiezan a caldear, el ambiente sube de temperatura y el árbitro se encuentra en medio de ambos bandos.
Hablando del futbol amateur, o del llano como también se le conoce, aunque ya no lo es tanto, debido a la incursión de jugadores ex profesiones que piden remuneraciones económicas por su asistencia a los encuentros, la labor del silbante se ha convertido en un trabajo de alto riesgo; ninguno de los equipos quiere verse derrotado en el marcador, ambos bandos exigen, en muchos casos, de manera injustificada marcaciones que no corresponden al marco reglamentario.
A continuación, surgen las agresiones verbales, los insultos y las amenazas que conllevan una buena dosis de ser cumplidas, solo falta un chispazo. Una marcación polémica es el pretexto para algún irracional que se cree con el derecho de golpear, de agredir físicamente a un árbitro.
En la ciudad de Monterrey unos jóvenes iracundos golpearon al nazareno que dirigía un encuentro de futbol, fue tal la cobarde y artera violencia que, estando tirado en el césped, el árbitro sufrió puntapiés que ameritaron la asistencia hospitalaria; este es un ejemplo de muchos que se presentan de forma cotidiana.
No, bajo ningún pretexto o excusa se justifica agresión alguna hacia ningún árbitro de cualquier deporte, es totalmente reprobable la conducta de quienes llevan a la violencia a ser la protagonista de los espacios deportivos.
La legislación de nuestro estado fue objeto, recientemente, de modificaciones que buscan sancionar y erradicar la violencia en el deporte. Se esperan resultados positivos a corto plazo, sobre todo que, la aplicación legal, sea la muestra de las consecuencias que tendrán quienes insistan en querer canalizar sus frustraciones en una persona que solo aplica reglamentos deportivos.
En el ámbito profesional.
Las reacciones desproporcionadas y violentas también se presentan en el ámbito profesional, la historia de varios deportes da cuenta de agresiones físicas y verbales donde el árbitro es el blanco de tales actos. En el reciente fin se semana, durante el desarrollo de un partido del futbol nacional, las cámaras captaron el momento en que un jugador genera un contacto físico hacia un árbitro auxiliar; habrá quienes pretendan minimizar tal acto, lo cierto es que, con toda seguridad, niñas, niños y adolescentes, estaban frente a la televisión y vieron esta reprobable conducta de quien debería saber que es ejemplo a seguir.










